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Los acantilados y las calas forman una parte muy importante del paisaje de la Costa Brava. Para nuestra próxima experiencia viajera podemos plantearnos una visita a estas playas encantadoras y disfrutar durante unos días de sus calas de arena fina y sus limpias aguas. Y es que, aunque nos encontremos aún en el invierno, el goce del clima mediterráneo junto al mar siempre resulta una experiencia inolvidable que no debemos perdernos. Y si a ello, como compensación al cansancio provocado por nuestros paseos y visitas a los pueblos de la zona, añadimos el placer de una gastronomía excelente a base de arroces y pescado, pues todo perfecto. Seguro que será un viaje de fin de semana que merecerá la pena.

Si queremos conocer calas perdidas y deleitarnos en lugares poco visitados, las encontraremos en los pueblos de Lloret de Mar, Sant Feliú de Guíxols, Blanes, Tossa de Mar y Palamós, que aunque son poblaciones con una infraestructura turística bastante considerable, siempre encontraremos lugares para perdernos en sus hermosas calas y degustar su rica y famosa gastronomía compuesta fundamentalmente de pescados de bastante calidad, como sería el caso de doradas, rodaballos y lubinas. Entre los platos estrellla de la zona se encuentran: el arroz a la cazuela, el pescado con alioli (simitomba), las verduras asadas (escalivada) y la sopa de pescado.

Si nos acercamos hasta Palamós veremos que continúa siendo genuínamente un pueblo pesquero, aunque gran parte de su actividad económica esté enfocada al turismo. Allí encontraremos bastantes calas escondidas, incluso algunas solamente accesibles desde el mar, junto a unas playas preciosas. Ya dentro del municipio encontremos muchos lugares para visitar y pasear, como sería el caso de la iglesia de Santa Eugenia de Villarromá y la iglesia de Santa María del Mar. Otro punto importante para visitar es el poblado ibérico de la playa de Castell y los castillos mediavels de Villarromá y de Sant Esteve.

Blanes también mantiene el encanto de los pueblos de pescadores, aunque también su economía funciona alrededor del turismo. Es una ciudad moderna con hermosas playas de arena fina, que se extienden a lo largo de cuatro kilómetros con sus respectivas calas y acantilados rocosos. Es recomendable visitar la torre de Sant Joan, desde la que tendremos una preciosa panorámica del pueblo y de sus alrededores. También es interesante conocer el palacio de los vizcondes de Cabrera y la capilla de Nuestra Señora La Antigua.

Sant Feliú de Guíxols está repleto de calas rodeadas de pinos y enormes acantilados, bañados por aguas templadas y claras, ideales para el baño.
A la entrada de una cala se encuentra el pueblo de Tossa de Mar, a orillas del Mediterráneo, que cuenta también con unas playas excelentes. A todo ésto, hay que añadirle su conjunto monumental de la Edad Media, con un recinto amurallado muy bien conservado.

Y no podemos volver de nuestro viaje sin acercarnos hasta el pueblo de Lloret de Mar, con sus siete kilómetros de costa y sus cinco playas muy cuidadas, lo que ha hecho que resulte ideal para viajes en familia. En esta población encontraremos los jardines de Santa Clotilde, de estilo renacentista italiano, ubicados sobre un impresionante acantilado, que nos invitan a pasear por ellos y a soñar bajo sus árboles.

Cómo llegar