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Ultimamente se está hablando muy acertadamente de unir vacaciones y vino como una alternativa nueva al ocio. Los expertos lo llaman enoturismo. De hecho, puede que no sea tan nueva esta forma de plantear las escapadas, aunque ahora se intente fomentar un poco más, ya que los viajes y el vino creo que siempre han tenido que ver bastante y, a lo largo del tiempo, con frecuencia se ha aconsejado aquello de que «con vino se anda mejor el camino». Una buena frase de la mejor filosofía de la calle, que pienso debemos aplicarnos en nuestros viajes de fin de semana, como una posibilidad de unir naturaleza, bellos paisajes y conocimiento del mundo del vino, una de las bebidas más nobles que podamos encontrarnos.
La oferta que nos presentan suele ser muy variada, desde la posibilidad de hospedarnos en unos viñedos hasta asistir a una cata, que también está muy bien y puede resultarnos muy ilustrativo a todos los amantes de los caldos. También podemos encontrar rutas de tapas y vinos, que harán que conozcamos los pueblos y ciudades a través de sus platos, y tomar parte como comensales en las comidas o cenas maridaje. Esta es una buena forma de degustar sabrosos platos y de paso aprender muchos secretos de cocina.
Todos sabemos que España es tierra de vinos excelentes, por lo que nos encontraremos con una rica variedad de lugares que podemos visitar y que con seguridad darán la talla en nuestro paladar con sus magníficos vinos, siempre acompañados por una gastronomía variada y de primera calidad. Porque las comidas maridaje posibilitan ese placer de combinar con acierto la comida con la bebida. Por ejemplo, tener el placer de degustar una copa de albariño con marisco, o de acompañar el salmón con un buen champán francés o un buen vino fino con unos pescaitos fritos en cualquier playa del sur.
El enoturismo en bicicleta es algo novedoso que está difundiéndose con rapidez. Es una buena forma de unir el deporte al aire libre con el buen vino. Resulta muy gratificante recorrer tranquilamente los campos y viñedos a sillín de bicicleta y deleitarnos en lagares, viñedos y monumentos centenarios.
Como os digo, todo es cuestión de probar y nada mejor que decidirnos a realizar nuestra siguiente escapada de fin de semana dándole prioridad a esta nueva forma de utilizar nuestro tiempo de ocio. Una nueva forma de ampliar nuestra cultura como viajeros, además de darle ese gusto al paladar y al estómago, que nunca viene mal. Animo y que aproveche.