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Visitar Viena es entrar en la ensoñación y dejarnos trasladar a un pasado artístico lleno de música e historia que marcó a Europa durante mucho tiempo. Viena se encuentra situada en la Europa Central y es la capital de Austria.
Su situación geográfica la coloca a orillas del Danubio, río que ha servido de inspiración para las artes, entre ellas a la música, con piezas inmortales. Por ello, si queremos realizar una escapada de fin de semana abstraidos por la belleza y el arte, Viena puede ser el sitio adecuado.
Si cogemos el avión un viernes, llegaremos a Viena por la tarde o bien por la noche y podremos descansar y prepararnos para salir despejados el sábado a conocer la ciudad a fondo.
El Mercado de antigüedades de Naschmarket puede ser un punto de partida para iniciar nuestro recorrido. Allí podremos encontrar cualquier cosa para comprar; además, cerca existe una zona de bares y tiendas de comida, ideales para probar los vinos austríacos acompañados con una buena trucha. También, no muy lejos se encuentra el Museo de la Secesión, donde podremos admirar importantes obras de Klimt, el autor de El Beso.
Andando varias calles hacia arriba encontraremos el Centro Cultural Museumquartier, el Museo Natural y el Museo de Historia, separados uno de otro por un jardín.
Si seguimos por la calle Babenbergerstraze nos encontraremos con los jardines del palacio de Heldenplatz, a los que llaman Burggarten. Podemos dar un paseo por los jardines, recrearnos un poco también en la estatua de Goethe y salir por allí a la calle para continuar nuestro paseo.
Cerca de los jardines del palacio de Heldenplatz se encuentra la famosa Opera de Viena, llamada también Staatsoper, un edificio emblemático en la actualidad pero muy criticado cuando se construyó en 1868, hasta el punto de provocar el suicidio de uno de sus arquitectos y provocar un infarto en el otro. Se trata del primer edificio público que se construyó sobre el Ring. El motivo de las famosas críticas estaba en que el edificio de la Opera de Viena era más bajo que el de la Opera-Garnier de París, y eso no les hacía ninguna gracia. El edificio ha tenido que ser reformado en varias ocasiones por diferentes motivos, por lo que de su estilo renacentista original solo queda la fachada, el salón de té, el foyer de Schwind y la escalinata principal. De todas formas, es un edificio impresionante, digno de conocer. Allí nos ofrecerán visitas guiadas y si vamos por la mañana se pueden elegir en español.
Desde la Opera, la siguiente parada podemos hacerla en la Catedral. Solo hay que seguir por la calle peatonal hasta Stephanplatz y allí la encontraremos. La inmensa catedral de Viena comenzó a construirse en el siglo XII con estilo gótico, levantándose un campanario de 140 metros de altura. No dejeis de visitar las múltiples capillas que tiene y conocer el órgano, además de su precioso tejado.
Podemos dirigirnos a continuación a una plaza llamada Am Hof, donde encontraremos vestigios de la vieja muralla romana de la ciudad. También se sitúa allí la iglesia Michaelerkirche y la entrada al palacio de los Hofburg, donde vivió la emperatriz Sissi.
Como se supone que a estas alturas estaremos algo cansados de andar y agotados de ver tanta belleza y tanto arte juntos, nada mejor que hacer un alto en el camino y pararnos a tomar un café vienés, acompañado por un trozo de tarta o unas galletas típicas de la tierra.

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SALIR DE MARCHA EN VIENA
En los barrios de distritos, llamados Grätzl, encontraremos multitud de locales jóvenes y dinámicos. La gente suele ir sobre todo al Museums Quartier, donde se combina la gastronomía y el arte. Cerca de allí se encuentra el barrio de Spittelberg donde encontraremos una atractiva mezcla de locales, artesanía y tiendas. Si vamos andando desde el Spittelberg hasta la calle Gürtel nos encontraremos bajo los antiguos arcos del tren metropolitano. Esa zona está muy animada durante la noche por locales de moda.
En la zona del casco antiguo, en el Bermuda-Dreieck, se da una gran afluencia de bares. Al atardecer suele haber bastante movimiento, incluso demasiado a veces. Por lo que, si deseamos tener un poco de calma lo mejor que podemos hacer es acercarnos hasta las calles Bäckerstrasse y Sonnenfelsgasse.
En el barrio Freihaus-Viertel encontraremos desde cafés hasta una librería especializada en libros de cocina, y que tiene la particularidad de que en ella incluso se cocina. También, es frecuente encontrarse locales típicos para estudiantes.
Si nos alejamos del centro, por la zona de la plaza Margaretenplatz hallaremos un ambiente más suburbial, con casa de estilo Biedermeier, con patios interiores y jardines, y ya por las calles Schönbrunner Strasse y Wehrgasse, podremos disfrutar de edificios tradicionales vieneses. Si buscamos una gastronomía curiosa, la podemos encontrar en la calle Währinger Strasse y en la Servitengasse.

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Durante el domingo, nuestro último día de estancia en Viena, continuaremos con nuestra visita a palacios impresionantes y nada mejor que acercarnos al palacio de Schönbrunn, uno de los palacios más bonitos de Europa. Allí vivieron los Hasburgo y cuenta con unos magníficos jardines que podremos visitar gratuítamente.
También son interesantes para visitar la iglesia de Karlskirche, del siglo XVIII, el palacio de Belvedere con su interesante museo, la Academia de Bellas Artes y muchísimos más puntos interesantes de esta hermosa ciudad a orillas del Danubio. Sin duda, una escapada de fin de semana inolvidable.