Enna ha sido desde tiempo inmemorial un lugar mágico, epicentro de los mitos más antiguos de Sicilia, ligados a la fertilidad y a la tierra. Vale la pena acercarse a la Roca de Ceres, que una vez alojó un santuario, y que ahora se alza blanca y solitaria, lejos de los circuitos turístico. Centro de las disputas territoriales de la isla desde tiempos remotos, esta ciudad de importancia estratégica se ha ido enriqueciendo con todo tipo de monumentos con el paso de los siglos. Entre ellos, destacan el Castillo de Lombardia, resultado de todas las reformas que los conquistadores de la ciudad fueron imponiendo y descrito como una de las más bellas fortalezas de Sicilia. Su nombre deriva probablemente de la guarnición lombarda a que los normandos confiaron su defensa, aunque los árabes llamaban Lombardía a la costa oriental del Adriático y las zonas de Calabria ocupadas por los normandos, así que no se puede excluir un origen distinto de la denominación. La Torre Ottagona, de origen discutido, se identifica con el centro geodésico de la isla y se puede subir a su parte superior, a 24 m de altura, por una estrecha escalera de caracol excavada en sus muros de 3,30 m de grosor. El Duomo es el monumento más importante, fundado en el s. XIV. Su fachada data del s. XVI y el campanario del XVII, además de dos portales, uno renacentista y otro gótico.

La ciudad de Morgantina, a 6 km de Aidone, nos cuenta su historia, que asciende a la Edad del Hierro (1000-850 a.C.), a través de las ruinas que las sucesivas excavaciones arqueológicas han ido revelando. El santuario de Demetra y Kore, los mercados, las aulas del Senado, el teatro, todas las estructuras del periodo helénico y romano se han documentado, atestiguando el auge de esta población hasta su abandono, datado entre los siglos I y II a.C.. Rica de monumentos medievales, palacios barrocos, elegantes edificios religiosos y jardines, la localidad de Piazza Armerina se remonta al s. XII. El Duomo domina toda la ciudad desde el s. XVII, edificado sobre una iglesia anterior, de la que solo queda la parte inferior del campanario, de estilo gótico catalán. A cierta distancia, encontramos el Priorato de Sant’Andrea, decorado en el interior por frescos de los siglos XII al XV, que representan, entre otras, escenas de la Pasión de Cristo. Otro de los atractivos de esta ciudad es la Villa Romana del Casale (s. III-IV), decorada por ricos mosaicos que nos dan una fiel imagen de la vida y mitología romanas, y que han llegado prácticamente intactos hasta nuestros días.

Fotos: Turismo de Sicilia
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