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Turquía es mitad europea y mitad asiática. La zona europea se denomina Tracia, la tierra de Troya, y la zona asiática es llamada Anatolia, tierra de antiguos fenicios y de hititas entre otros. Por ello podemos decir que Turquía tiene la particularidad de crear un puente entre Europa y Asia. Y esa sensación la tendremos si viajamos un fin de semana a Turquía. Sobre todo, cuando se cruza el puente del Bósforo y se tiene una especie de sensación enigmática de que vamos a entrar en un mundo nuevo de un momento a otro.
Turquía huele a exotismo, con sus derviches, sus mezquitas, con sus aglomeraciones de gente en los bazares, con sus numerosas huellas de un pasado poderoso que marcó al mundo.
Lo que está claro es que en nuestro viaje a Turquía en ningún momento tendremos ocasión de aburrirnos, ya que su atractivo natural nos ofrece contínuas posibilidades de entretenimiento y diversión. Si queremos hacer un viaje que nos haga olvidar el estrés de la vida cotidiana podemos optar por realizar un crucero por la Costa Turquesa, hacer un recorrido por sus mezquitas, que son impresionantes, darnos una vuelta por las bonitas playas de Antalya o visitar la ciudad de algodón de Pamukkale. Otra buena idea es conocer Capadocia, que seguro nos dejará un recuerdo imborrable.
Capadocia está entre los destinos más visitados por los extranjeros cuando llegan a Turquía. Sus volcanes (monte de Erciyes en Kayseri) y sus formaciones geológicas en general, junto con sus lluvias y vientos, suponen un tremendo atractivo para los turistas. Sus casas en las rocas, construidas en el siglo XIX, y sus preciosas iglesias en las que destacan sus magníficos frescos del siglo VII a.C. como es el caso de la iglesia de Durmus Kadir en Kaymakli, pueden trasladarnos facilmente a otros tiempos pasados llenos de historia.
En nuestro viaje a Turquía no podemos olvidarnos de Estambul. Realmente una escapada de fin de semana no suele ser suficiente para conocer más o menos en detalles esta hermosa ciudad con más de doce millones de habitantes, pero nos servirá como excusa para volver de nuevo y seguir disfrutando de su belleza y de la hospitalidad de su gente.
Generalmente, cuando oimos Estambul, rápidamente lo relacionamos con Santa Sofía. Aya Sofya, como se denomina originalmente a Santa Sofía, significa «casa de la sabiduría divina» y es el monumento más representativo del arte bizantino y resulta impresionante tanto en su exterior como en su interior. En sus inicios fue una catedral cristiana; más tarde, durante cinco siglos se conviritó en mezquita, hasta que en el año 1935 la convirtieron en museo. A niveles arquitectónicos, Santa Sofía es muy importante por su estructura singular. Se trata de la primera construcción de ese tamaño a la que se le aplicó una base cuadrada y se cubrió con una cúpula central y dos semicúpulas. Tengamos en cuenta que Santa Sofía está entre las iglesias más grandes del mundo. Solamente la superan en extensión cubierta la de San Pablo en Londres, San Pedro en Roma y el Duomo de Milán. En el interior de Santa Sofía encontraremos sus singulares mosaicos de vidrios de colores colocados sobre hojas de oro y representando escenas bíblicas.

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Otro lugar muy visitado por los turistas que llegan a Estambul es la Mezquita Azul, que tiene ese nombre por los mosaicos de sus cúpulas, que son de color azul y verde. Esta mezquita tiene la particularidad de ser la única en Turquía que cuenta con seis minaretes, lo que le imprime un carácter especial ante el resto de las mezquitas del país. Después de visitar Santa Sofía podremos acercanos hasta ella, ya que se encuentra enfrente, cercana al Palacio Topkapi. Un detalle importante. Si tienes posibilidad de hacer esta visita en día soleado será lo ideal, ya que la filtración de la luz por sus 260 ventanales crea un espectáculo impresionante para el visitante. La entrada a la Mezquita Azul es gratuita. No dejan entrar con pantalones cortos ni las mujeres pueden llevar los hombros descubiertos. También tendremos que dejar los zapatos en la entrada. Pero si tu indumentaria del momento no es la conveniente no te debes preocupar, ya que te ofrecerán lo necesario para ponerte y que puedas entrar sin problemas. De todas formas, es mejor ir preparados.
Otros monumentos importantes para visitar en Estambul son: la Mezquita de Solimán el Magnífico, la Iglesia de San Salvador de Chora, la Torre Leandro, el Museo Arqueológico, la Cisterna Basílica, el Palacio de Topkapi y algunos más, también bastante importantes. Pero ésto lo dejaremos para otra acasión si no podemos estirar más el tiempo de que disponemos.
En Estambul se puede comer a buen precio en restaurantes y bares. También podremos optar por locales de comida rápida. Si vamos con prisa podemos recurrir a los kebaps, que son unas piezas grandes de carne asada que se acompañan con un pan especial y algo de verdura. Pero si disponemos de un poco de tiempo para comer y deseamos conocer un poco la comida tradicional, deberemos acercanos hasta algún lokanta, donde encontraremos buena comida a un precio asequible. También están los meyhanes, que son restaurantes de pescados y mariscos, que podremos encontrar, sobre todo, a orillas del Mar de Mármara o del Bósforo.
Para empaparnos de la belleza de Turquía nos harían falta al menos varias escapadas de fin de semana. Por lo tanto, estos datos que os dejo pueden ser interesantes y de utilidad para vuestra primera escapada y para que conozcais algunos puntos más o menos con cierta profundidad. Y como seguro que el que conoce Turquía repite, más adelante seguiremos hablando más extensamente de otras zonas que se han quedado en el tintero junto a diferentes formas de conocer este mágico y exótico país.