Todos conocemos los vinos tintos que se producen en La Rioja e incluso podríamos decir que nos han acompañado en muchas ocasiones en nuestras escapadas de fin de semana a destinos que no tienen nada que ver con esas tierras tan ricas en buenos caldos. Sin embargo, en La Rioja se producen también vinos blancos de una calidad excelente, aunque menos conocidos por todos, quizás porque cuando pedimos una copa de Rioja en cualquier establecimiento o restaurante, siempre se da por sentado que se tratará de vino tinto y no suelen presentarnos ninguna otra opción. Tal vez con solo formularnos una simple pregunta sobre si el rioja lo queremos blanco o tinto, el consumo de esta modalidad poco conocida aumentaría sin ninguna duda.

Los vinos blancos de La Rioja vienen envasados en botellas con la misma forma que las bordelesas, las alemanas o las borgoñesas. No suelen ser muy altos en alcohol y son bastante secos. Se elaboran con uvas Viura, también llamadas Macabeo, a la que se le añade a veces Garnacha Blanca o Malvasía. En general, resisten muy bien la oxidación y contienen una acidez bastante normal.

En la antigüedad, se utilizaba el roble para añejar durante años los mejores vinos blancos de La Rioja. Eran unos vinos excelentes, de evidente frescura, con color amarillo limón y con un profundo aroma a roble. Hoy en día, todo ha cambiado en ese aspecto y los tiempos obligan a cambiar la manera de tratar esos vinos. En la actualidad se suele realizar unas fermentación lenta para a continuación pasar directamente al embotellado, con el fin de mantener la frescura original y el aroma de la uva. Así se realiza, por ejemplo, con la Viura, un vino realmente delicoso.

Existen además los vinos blancos dulces, que, si bien no son en general de demasiada calidad, a veces se consiguen, en buenas cosechas, unos magníficos resultados, produciendo vinos muy aromáticos y delicados, capaces de cautivar a los paladares más exquisitos.